Instituto Yoga Kai Palermo Soho Buenos Aires
Director José Maureira


RITOS DE PASAJE

Graciela Teresita Lovarvo

Profesorado de Yoga - Yoga Kai 2008

Mitos, héroes y ritos

Para hablar acerca de los ritos es conveniente primero introducirnos en la noción de mito, la cual a su vez nos conecta con la de héroe.

¿Qué es un mito?
De acuerdo con el diccionario mito es una narración fabulosa o imaginaria que intenta dar una explicación no racional a la realidad.
Son sinónimos de mito: leyenda, fábula, quimera, cuento. Se trata  de una fantasía,  de una invención que la tradición rescata, cuyos orígenes son muchas veces desconocidos, como puede observarse en los relatos similares que provienen de distintas culturas.

¿Qué  significa héroe?
Se trata de  una  persona admirada por sus hazañas y virtudes,  alguien que lleva a cabo una actitud extraordinaria por su valor o méritos y, de acuerdo con la mitología, héroe es aquel nacido de un dios y un ser humano.
El héroe suele ser el protagonista de los mitos

¿Qué es un rito o  un ritual?
La definición de rito alude a  una costumbre o ceremonia que siempre se realiza de la misma manera;  o según otra acepción, al conjunto de reglas establecidas para el culto o ceremonias  religiosas.
Se trata de normas que regulan el comportamiento a seguir, prescriben el protocolo.

La antropología ensaya una clasificación de la multiplicidad de ritos existentes:
Ritos de pasaje:  acompañan al individuo en su cambio de estado.
Ritos cíclicos: señalan el paso de un período a otro. En el presente trabajo serán considerados como parte de los anteriores, pues por definición también constituyen un paso.
Ritos de inversión: en los cuales se cambian los roles, durante un lapso en el cual se permite transgredir rígidas normas de comportamiento imperantes, como ocurría en las carnestolendas en las cuales las máscaras y los disfraces permitían a los pobres sentirse ricos y a los amos cierto descontrol y promiscuidad.
Ritos de confirmación: que buscan que el individuo tome conciencia de su pertenencia e integración  al grupo al que pertenece.
Ritos expiatorios: su objetivo es reparar el mal, son purificadores. Partiendo de la necesidad de guardar las normas morales que rigen el comportamiento del hombre buscan expiar todo comportamiento que transgreda las mismas.
Ritos de propiciación: buscan retornar a la normalidad, intentando que la amenaza o factor externo (guerra, peste, fuego, inundación) se aleje.

También puede tratarse de:
Ritos verbales (oraciones, plegarias, invocaciones, peticiones o alabanzas)
Ritos no verbales: sacrificio, ofrenda.
Según los participantes: individuales o colectivos.
Según los fines: salud, fertilidad, bienestar
Según la frecuencia: periódicos (ligados a los ciclos de la naturaleza), no periódicos (ante amenazas como pestes, guerras etc.)

Un rito (o ritual) de pasaje (o de paso),  en el contexto que nos ocupa se refiere a un conjunto de procedimientos que se llevan a cabo para pasar de un estadio, situación, circunstancia, o condición  a otra. Establece la transición, entre dos márgenes, el trayecto entre dos orillas.

Arnold Van Gennep (etnógrafo alemán 1873-1957)  introdujo  el concepto de Ritos de paso a principios del siglo XX.
Estos acompañan cualquier  tipo de cambio, de posición social,  de estado o de edad.

Define tres fases que integran este tipo de ritos:
- Separación: donde el individuo se aparta de su  estado (situación o condición) anterior.
- Fase liminar: es la transición que tiene lugar entre el estadio previo y aquel al que se arribará luego de que el rito tenga lugar.
- Agregación: una vez que se ha consumado el pasaje, se arriba a un nuevo estado, en virtud del cual se adquieren nuevos derechos y obligaciones a los que ajustarse.

Víctor Turner (antropólogo escocés 1920-1983) postula  que los ritos de pasaje establecen transiciones entre estados distintos, definiendo como estado  a la situación relativamente estable y fija de la cual se parte, sea ésta un rango, oficio, o estatus.
También puede aplicarse el término estado  a la situación física o emocional o mental en que una persona puede encontrarse en un momento  determinado (podemos hablar de estado civil, o estado de salud, o estado de calma).

La transición entre un estado y otro es comprendida como un proceso, es decir un conjunto de fases sucesivas que tienen lugar a través de un tiempo, se trata de un devenir, de un llegar a ser,   una metamorfosis tras la cual se produce el cambio de estado.

El rito de pasaje acompaña al iniciado en ese tránsito, a través de procedimientos específicos se ayuda al alumbramiento del nuevo ser.

Durante el período liminar el sujeto del ritual no pertenece a ninguna clasificación.

“ya no están clasificados y al mismo tiempo todavía no están clasificados. En la medida  en que ya no están clasificados los símbolos que los representan  se toman de la biología de la muerte, la descomposición, el catabolismo. La metáfora de la disolución es bastante frecuente. A los neófitos se le permite andar sucios  y se les identifica con la tierra.  El otro aspecto, el de no estar todavía clasificados se expresa a menudo mediante  símbolos que se modelan  sobre los procesos de gestación y parto. Los neófitos son equiparados  a embriones o tratados como niños  recién nacidos o crías de teta. El rasgo principal de estas simbolizaciones es que los neófitos no están ni vivos ni muertos, por un lado y a la vez están vivos y muertos, por otro.  Su condición propia es la de la ambigüedad y la paradoja, una confusión de todas las categorías habituales.
Según Turner durante la fase transicional la comunidad está en condiciones  de generar nuevos pensamientos y nuevas costumbres. Es por eso que también la considera como un espacio de reflexión. (2)

 Nosotros los héroes. Del Mito al Rito

La autora Annik de Souzenelle en su libro El simbolismo del cuerpo humano  describe al mito como la historia que da testimonio de la vida de los arquetipos.

Un arquetipo  es un patrón de formación de símbolos que se repite en toda la historia y en todas las culturas, en la humanidad entera y a través de ellos buscan expresión las energías psíquicas. Los arquetipos son vacíos  y carentes de forma, solo podemos percibirlos cuando se llenan de contenido individual.

Cuando decimos héroe pensamos en un ser mitológico.
Una característica del héroe clásico es tener dos pares de padres, unos terrenales y otros celestiales,  en muchos mitos el héroe es hijo de unos padres poderosos (a veces dioses), aunque criado por otros padres. (Jesús, Moisés, Edipo).
Las narraciones transmitidas de generación en generación a través de la tradición oral,  por libros sagrados, cuentos y  leyendas,  nos relatan la historia de distintos héroes y sus respectivas hazañas.

Por otra parte vimos que un héroe es alguien que realiza un acto heroico, una hazaña, lo cual nos lleva a pensar en  el  coraje necesario para emprender la epopeya.

¿Qué nos lleva a suponer que los héroes, próceres y aún mártires de la antigüedad no tuvieron que afrontar sus propios demonios, sus propias dudas y temores?
La leyenda cuenta los resultados no los pormenores.
Los relatos de antiguas hazañas llegan hasta nosotros como perpetrados por seres impolutos exentos de toda mezquindad, sin titubeos ni vacilaciones, libres de temor y de cualquier otra emoción humana, cabe recordar que no existe coraje sin un miedo que lo inspire.

Anteriormente expuse que para la mitología un héroe es aquel nacido de un dios y un ser humano, con lo cual un héroe es en realidad un semi dios.
¿Porque la tendencia a creer y difundir  solo  la parte espiritual de los héroes renegando de su aspecto y condición  humanos?

Hacia las tres de la tarde Jesús exclamó en alta voz “Eli, Eli,  lemá sabactani” que significa: Dios mío, Dios mío porque me has abandonado. (Mateo 27.46).

¿Será que también Jesús tuvo instantes de zozobra?

El espíritu humano es igual hoy que en la antigüedad, más allá de los avances de la tecnología, y de su predecesora la ciencia, de  los paisajes externos donde nuestra vida se desarrolle,  los sitios geográficos que habitemos o del tiempo en que nos toque vivir. También nosotros somos héroes.

Si bien nos cuesta identificarnos con la idea de sentirnos  héroes  en aquellos momentos en que nos encontramos  débiles o vulnerables, cuando tememos o dudamos; todos  emprendemos el viaje del héroe, a lo largo de nuestras vidas, y en más de una oportunidad durante el transcurso de la misma, libramos batallas contra nuestros propios dragones u otros monstruos internos que amenazan con devorarnos, emergiendo  desde las profundidades (nuestro inconsciente) paralizando nuestros intentos. Llevamos a cabo nuestras propias  epopeyas, aún cuando en la vorágine de lo cotidiano no siempre nos demos cuenta.

A través de nuestros sentidos vivimos en contacto con el mundo externo, y muchas veces nos vemos dispersos y atraídos por las múltiples demandas y propuestas que la vida moderna ofrece  y al igual que Ulises en su regreso a Itaka  (su hogar, su sí mismo) perdemos nuestro rumbo,  a veces con riesgo a encallar  siguiendo los cantos de las sirenas.

Así absorbemos la potente energía de Dios tanto por abajo, de la tierra, como por arriba, del cielo. Somos hijos de la tierra y también del sol, la energía que de la tierra sube y la que del sol baja confluyen en nosotros y cooperan mancomunadamente en nuestra evolución (C.W. Leadbeater “los chakras” pág. 44).

Tenemos un origen mitad humano mitad divino.
Partimos en nuestro viaje en una fecha y horario cierto, desconocemos la duración del mismo, las aventuras que nos esperan y los peligros  que hemos de enfrentar a lo largo de la travesía.
A lo largo de nuestro periplo seremos a veces héroes y otras villanos, tendremos valor y sentiremos miedo, asumiremos rebeliones y otras veces nos someteremos, celebraremos nacimientos y muertes. Conoceremos el amor y el abandono, el encuentro y la pérdida.
Nosotros somos los héroes de nuestra epopeya.

Innumerables mitos son recreados por nosotros a lo largo de nuestras vidas, como estaciones de un viaje imaginario, por donde la humanidad transcurre desde tiempo inmemorial. (Psique y Soma, los 12 trabajos de Hércules, La Odisea, El minotauro y su laberinto, etc.).

Lo precedente me permite inferir que los mitos  tienen plena vigencia en nuestros días y son una herramienta útil para ayudarnos a comprender nuestra  historia personal, observando que existen situaciones arquetípicas que están más allá del tiempo y el espacio que nosotros conocemos.

No importa el lugar donde el  mito original  tenga lugar, tampoco el tiempo en que haya transcurrido, porque ambas categorías, tiempo y espacio son meras convenciones, nuestro propósito es intentar vislumbrar una realidad  que las excede.

De este modo el mito narra algo que excede lo cotidiano, algo que vale la pena rememorar, algo que nos recuerda que ya otros han transitado los mismos caminos que hoy atravesamos, aún cuando nuestra vanidad nos haga pensar que somos los primeros … o los únicos.

El mito nos cuenta la historia de un modo comprensible, y si somos capaces de atisbar  la realidad detrás del símbolo,  nos ayuda a crecer en conciencia y comprensión, se trata de correr el velo y ver más allá de las apariencias.

Los símbolos están cargados de valores,  son mucho más amplios que el signo que los identifica.
Un signo puede ser expresado en palabras, una señal en la ruta tiene un significado unívoco, una letra, un número sirven para representar conceptos, en cambio un símbolo tiene un significado mucho más amplio, y que trasciende el objeto que lo representa.

Nosotros somos los héroes, nuestra es la epopeya y el camino a recorrer describe el proceso de individuación término con el que Jung, médico suizo, definió el proceso de llegar a ser nosotros mismos.
Los mitos cuentan la historia de los arquetipos y los ritos son la recreación de tales mitos.
Y así nos vamos acercando a la idea de los ritos.

¿Qué es un rito o  un ritual?

Según la definición transcripta en la introducción  el rito se refiere a  una costumbre o ceremonia que siempre se realiza de la misma manera;  o según otra acepción, al conjunto de reglas establecidas para el culto o ceremonias  religiosas.

Como expuse anteriormente el mito cuenta algo que excede lo cotidiano, algo que merece ser recordado y trasmitido a otros para ayudarlos en su camino, el rito es una forma de evocar el mito,  de conservarlo vigente, de mantenerlo actualizado

Así la transmisión de la tradición se ha ido llevando a cabo desde la antigüedad  no solo oralmente sino que fue interpretada en ceremonias rituales.
Tales ritos estaban relacionados con aspectos considerados  sagrados; pues eran inherentes a  temas que excedían el ámbito de lo habitual y ordinario. Las  palabras e instrumentos consagrados a la realización de los rituales adquirían una  nueva naturaleza que los elevaba de su dimensión profana.

Desde la antigüedad el hombre ha realizado rituales con diferentes propósitos según vimos en la clasificación propuesta por la antropología.

Los ritos de paso establecen una serie de momentos que algunas sociedades tienen a repetir de un modo pautado, definiendo procedimientos a seguir y que marcan públicamente  la transición,  entre un estado previo y aquel al que se arriba posteriormente al ritual.
Se determinan una serie de instancias críticas que las sociedades tienden a ritualizar fijando una serie de reglas específicas,  actos o  etapas a realizar que prescriben el modo en que debe comportarse  quien  los atraviesa.

El ritual constituye una forma de comunicación no verbal (aún cuando incluya palabras) una transmisión de contenidos culturales, que los participantes consideran valiosos o en los cuales creen, sin la creencia en el contenido el ritual sería un simple acto formal  vacío de sustancia.

De lo macrocósmico a lo microcosmico. Un poco de investigación.

Solsticios y Equinoccios, cambios de estación, Navidad, Pascua.

Si bien tienen una característica repetitiva,  señalan el paso de un período a otro y tienen  que ver con la renovación de la naturaleza y las estaciones,  podemos considerarlos de paso en la medida que cada estación da lugar a una nueva o bien  se produce un nacimiento o una resurrección.

Solsticio: (El nombre proviene del latín solstitium,  sol sistere o sol quieto) es la época en que el Sol se halla en uno de los dos trópicos, lo cual sucede del 21 al 22 de junio para el de Cáncer  y del 21 al 22 de diciembre para el de Capricornio, fechas en que se inician el invierno y verano en los distintos hemisferios.

Así el 21 de diciembre marca el inicio del invierno en el hemisferio norte, siendo la noche más larga del año.
Los cultos solares, (aquellos en los que el sol como deidad representaba el papel preponderante)  celebraban esta fecha, como el nacimiento de la luz, del triunfo del amanecer sobre la oscuridad que amenazaba con perpetuarse, el sol que día a día se iba tornando más débil,  volvía a nacer luego de la noche más larga.

Si por un momento pudiésemos sentirnos como hombres primitivos (no pensar, sino apelar a nuestro lado más instintivo), talvez pudiésemos percibir lo que ese sol que se “extinguía” provocaba en aquellos hombres,   el miedo a la oscuridad en la cual los depredadores asechaban, la falta de tibieza y cobijo y la alegría del renacimiento al ver que la luz finalmente retornaba.
Nuestro cerebro más primitivo (reptiliano, paleoencéfalo)  probablemente guarde memoria de los peligros que acechaban  ante la falta de luz  en el miedo atávico a la oscuridad.

De tal modo que dioses solares, desde tiempos muy remotos (anteriores al cristianismo)  celebraban su nacimiento en la proximidad de esta fecha.
En la actualidad celebramos la Navidad (de natividad; nacimiento) el 25 de diciembre fecha del nacimiento de Jesús.
Cabe  destacar la cercanía de las fechas,  y  sin cuestionar los dogmas religiosos,  nos permitiría aceptar que a través del sincretismo  se rescataron las celebraciones que tenían lugar desde la antigüedad,   y con la fusión de las distintas culturas  permanecieron vigentes a través de los rituales de celebración.

En fechas próximas  al solsticio de junio (cuando  tiene lugar la noche más larga en el hemisferio sur y la más corta en el norte), tienen lugar otras “fiestas solares”.
Aquí en el sur hasta hace algunos años se celebraba la festividad de San Pedro y San Pablo, pilares de la iglesia católica, haciendo fogatas. (29 de junio)

Por otra parte el 24 de junio  se celebra la fiesta de San Juan Bautista, precursor de Jesús. Al igual que en la navidad lo que se conmemora es un nacimiento (no como en el caso de otros santos  o incluso próceres en que se conmemora la fecha de su muerte)
Las celebraciones de San Juan son de origen pagano y han heredado una serie de rituales, prácticas y costumbres que parecen estar basadas en celebraciones precristianas.
En la Noche de San Juan se acostumbra a dar una caminata sobre fuego. Los devotos preparan caminos de brasas de dos metros de largo y caminan descalzos sobre ellos sin sufrir daños,  el gran protagonista de la noche de San Juan es el fuego, cuyo fin no sólo es rendir tributo al sol, sino también purificar los pecados del hombre (1).

Equinoccio: es la época en que, por hallarse el Sol sobre el Ecuador, los días son iguales a las noches en toda la Tierra, lo cual sucede anualmente del 20 al 21 de marzo y del 22 al 23 de septiembre. Este pasaje representa el inicio del otoño y primavera en los distintos hemisferios.

Desde tiempos remotos se celebraron rituales en honor a la Tierra al comienzo de la primavera con el propósito de propiciar las buenas cosechas.
Por ejemplo los Misterios Elusinos (que se celebraban en Eleusis ciudad de la Grecia antigua)  eran ritos de iniciación que se conmemoraban anualmente para celebrar el culto de Deméter (diosa griega de la agricultura) y su hija Perséfone.

Una vez más apelamos a los mitos.
Según la mitología griega Deméter  es la  diosa de la agricultura, madre nutricia que alimentaba a los hombres, y gobernaba los ciclos de la naturaleza.
Esta diosa matriarcal vivía con su hija Perséfone.
La joven doncella desapareció un día,  sin dejar rastros quedando su madre sumida en la desesperación  y buscando a su hija por todas partes.
Más tarde supo que Hades, señor del mundo subterráneo arrastrado por el deseo había secuestrado a su hija.
Si bien el mito habla de secuestro, Perséfone habría comido voluntariamente la granada, fruto del mundo subterráneo que Hades le entregara, y  aceptó ser su esposa (nótese el fruto rojo similar a la manzana de  Adán y Eva, que también en esta oportunidad simboliza la tentación a la que los seres humanos sucumbimos).
Deméter se resistió a aceptar lo ocurrido y en su ira tornó a la tierra estéril (ya desde entonces las suegras planteaban el descontento respecto de los cónyuges elegidos por sus hijos)
Finalmente llegaron a un acuerdo a través del cual Perséfone  viviría parte del ciclo con su madre y el resto con su esposo.
Deméter  nunca estuvo feliz con esta resolución,  y cada año al partir su hija la tierra se ponía de luto, las hojas de los árboles se caían y todo se tornaba frío y yermo.
Cuando Deméter se reúne con su hija cada primavera la naturaleza florece, más Perséfone no puede permanecer permanentemente en la tierra, lapso durante  el cual tiene lugar el invierno.
Hasta aquí el mito.

Nuevamente  vemos que  existe una cierta proximidad entre la fecha del equinoccio el 21 de marzo  y el tiempo de Pascua.

Para el cristianismo la Pascua celebra la resurrección de Cristo.
Para le religión judía el Pesaj, conmemora el éxodo de los israelitas de Egipto guiados por Moisés en busca de la Tierra Prometida.
Tanto la resurrección como la salida de Egipto, nos hablan de nuevos comienzos.

En el éxodo,  conscientes de la esclavitud en que vivían, partieron  en busca de la tierra de promisión,   para lo cual debían atravesar el  un desierto árido.

El paso de la situación actual,  simbolizada por la esclavitud,  a una tierra de promisión, que representa un estado superior del ser,   atravesando el desierto  constituye un ritual de paso durante el cual no perteneceremos a ninguna de las dos orillas (período liminar)

Los ritos paganos  originados en la devoción a la naturaleza y sus cambios cíclicos buscaron la forma de permanecer vigentes, pues como vemos también aquí existe  una similitud, una proximidad cronológica entre las fechas de las festividades del cristianismo y las celebraciones relacionadas con las antiguas civilizaciones, nuevamente la fusión, el sincretismo uniendo las distintas culturas.

Más allá de la exactitud de la fechas lo trascendente es el motivo de la celebración, el paso de una orilla a otra, de un sitio (que no necesariamente es físico) a uno  nuevo.

Ritos iniciáticos.

Dentro de los ritos de pasaje encontramos  aquellos denominados iniciáticos, que constituyen un ingreso, a través de un pasaje, a un ámbito nuevo, desconocido.
En las diversas tribus y sociedades primitivas los ritos de iniciación sexual  tenían como finalidad acompañar el tránsito del niño para  pasar del mundo de la infancia al del adulto.
En la medida en que se trata de una celebración grupal hablamos de ritos públicos, que son aquellos que algunas  comunidades  celebran  en forma conjunta.
Como parte del ritual el aspirante es  sometido a  pruebas  que debe superar, y en caso de hacerlo satisfactoriamente nace a un nuevo estado, habiendo dejado atrás el anterior.
El propósito de los ritos iniciáticos es  ayudar a los participantes a integrarse a su nuevo estado y transferir a los jóvenes las normas y valores del grupo, los cuales forman parte de su acervo cultural y de la transmisión de las tradiciones de la tribu.
El ritual en este caso ayuda a enfrentar el miedo frente al desafío de lo nuevo,  de una manera simbólica se reproduce el escenario temido para lograr a través de la superación de las pruebas una sensación de capacidad, de aptitud y fortaleza, recibiendo de parte de los inciadores herramientas que ayuden a elaborar la transición de lo conocido a lo desconocido (obsérvese la similitud con algunas forma de psicoterapia actuales, programación neurolingüística u otras técnicas de nueva data que utilizan esta vía de recrear escenas temidas intentando generar nuevas vías para superarlas).
Cada cultura posee sus propios rituales: de paso de la infancia a la adolescencia, de iniciación sexual, de casamiento, mortuorios,  etc. muchos antropólogos han escrito al respecto luego de años de estudio de las diversas civilizaciones. No ese el propósito de este trabajo. De algún modo quiero poner énfasis en los ritos de pasaje hoy y en cada uno de nosotros, lo que nos pasa en el cuerpo, lo que sentimos, lo que nos toca vivir,  no lo que pensamos, ni lo que leemos en los libros.
Nuestros ritos de pasaje.

Cada uno de nosotros atravesó por diferentes  pasos o pasajes y probablemente no lo hayamos notado ni hayamos sido conscientes de ellos sino  hasta un tiempo después, al mirar hacia atrás, al evaluar la propia vida.

No todos son tan evidentes como la  iniciación sexual, el casamiento o la muerte. Tampoco todos están ritualizados.

Otros pasajes  no son recordados por nosotros, si bien los hemos atravesado para llegar hasta donde estamos hoy.

El nacimiento, el primer paso, primer umbral que atravesamos tras haber abandonado nuestro  cómodo hábitat  para seguir la luz y el  impulso evolutivo que viene con nosotros ancestralmente empujándonos a  enfrentar un ámbito desconocido, con sonidos fuertes, voces nuevas, luces e imágenes.
Gente que nos toca y así inauguramos la sensación de tacto.
Claridad, oscuridad, luz sombra, y nuestra vista va comenzando.
Leche tibia y aprendemos el gusto.
Aromas, olorcito a seres queridos  y despertamos al olfato.
Frío, calor, tibieza, hambre, dolor de panza, y las sensaciones comienzan para nosotros. Sin darnos cuenta empezamos a sentir.
Nada recodamos concientemente de este primer umbral que atravesamos.
Tampoco  sabemos si como espíritus inmortales hemos comenzado y finalizado otros viajes con anterioridad, en cuyo caso cada uno de nuestros nacimientos constituyó un nuevo ritual de paso a través del cual iniciamos un nuevo ciclo vital.
Ningún niño recuerda la salida de su primer diente, que probablemente haya coincidido con la etapa en que ya podía sostener la cabecita indicándonos que era tiempo de comenzar a comer con cuchara. Y una vez más, sabores nuevos, sensaciones en el paladar, la leche dio paso a la papilla y así inauguramos una nueva etapa la percepción de sabores.
Estos cinco sentidos que van despertando constituyen los jnañendriyas  facultades de cognición y percepción. (3)

Los primeros pasos y al abandonar el gateo el mundo se vio diferente, empezamos a “ver” hacia donde queríamos ir con mejor perspectiva.
¡Que profundo cambio encierra pararse sobre los propios pies!
No se trata solo de algo físico,  es evolutivo. Necesitamos empezar a andar, dejar de ser sostenidos en brazos.
Si bien esto parece algo tan obvio vale como alegoría de tantos adultos que nunca llegan a tener sus pies en tierra, que siempre necesitan ser sostenidos o bien estar colgados de alguien, a contrario sensu cuando alguien tiene autoridad decimos que pisa fuerte, cuando hace algo trascendente “dejó huella”, cuando sabe como proceder  decimos que está “bien plantado”.
(La locomoción es uno de los karmendriyas, facultades de acción)

El ingreso al jardín, abandonar el ámbito hogareño, familiar, conocido,  caras nuevas, otras figuras de autoridad, nuevos compañeros de ruta, talvez tan asustados como nosotros de soltar la mano de sus padres o talvez ávidos de jugar con otros chicos.

La caída del primer diente,  dejarlo bajo la almohada para descubrir a la mañana siguiente que el Ratón Pérez (no cualquier ratón) se lo había llevado dejándonos una moneda a cambio.
La primera muela,  que cotizaba mejor que el diente, y fuimos aprendiendo el valor de lo escaso.

Hacerse señoritas, constituía un paso  importante, otra primera vez,  otro nuevo rito de paso. Si   bien la menarca (primera menstruación) estaba precedida de una serie de cambios físicos evidentes, aquella primera vez fue la que vivimos como ingreso a la pubertad.

La finalización de la primaria y la despedida de aquellos primeros compañeros que al comienzo habían sido extraños, forasteros procedentes de otros lugares, personas ajenas a nuestra familia, pero a los que luego elegimos,  tomando  así nuestras primeras decisiones, estableciendo con quien sí y con quien no,  y unos años más tarde la idea de separarnos nos llenaba de tristeza. Y una vez transitábamos un pasaje, atravesábamos un umbral que nos abriría  a nuevos rumbos.

La elección de la carrera secundaria, continuar con los compañeros no importa donde o elegir un rumbo y seguir  conociendo gente nueva, y así sin saberlo  fuimos descubriendo que era más importante para nosotros: los compañeros de ruta o el viaje en sí. ¿Elijo lo que deseo aunque siga solo? o ¿Prefiero seguir con los demás no importa donde me lleve el camino?
Secundaria otro nuevo inicio y luego otro final.
Fin del colegio secundario, bienvenidos a la vida adulta.
Comenzar a trabajar, si es que no habíamos comenzado antes.
Elegir la carrera, inicio de la vida universitaria, el mundo que cada vez se torna más grande.

Noviazgo, compromiso, casamiento, hijos, aniversarios…

Como surge de lo expuesto hemos venido atravesando pasos, umbrales desde el día en que nacimos aunque no todos ellos fueron acompañados de un ritual.
Si bien al hablar de rituales pensamos en logias o sectas, en nuestra cultura existen diversos ritos de paso, que se celebran en ocasiones tales como el bautismo, cumpleaños, comunión, bar y bat mitzva, los 15 años en las mujeres, compromiso, matrimonio,  culminación de una carrera universitaria, jubilación,  funeral,  etc.
Cabe señalar que si bien el bautismo, la comunión y el casamiento religioso son sacramentos,  está instalada la celebración como una suerte de ritual, del mismo modo que en la religión judía se celebra el paso del niño a la vida adulta con una fiesta, más allá del profundo significado religioso. Sin que esto pretenda cuestionar el dogma religioso, la celebración social en muchos casos no guarda relación con el plano espiritual ni evolutivo, toda vez que en la actualidad existen wedding planners (personas o empresas que organizan las bodas hasta el más mínimo detalle)  organizadores de eventos y otras yerbas. Una cuestión  es una celebración  privada o pública y otra muy diferente la organización de un evento social donde el foco de la  atención no está instalado en nosotros mismos y aquellos con los que transitamos sino en el “afuera”, en lo social.

Existen otros rituales menos formales, tales como las despedidas de soltero y aún de casado, y el primer……… y aquí cada uno podrá completar con su ritual de pasaje privado.
Se trata de aquel transito tras el cual tuvimos la clara sensación de haber pasado de un estado a otro, aún cuando externamente no hubiese signos perceptibles.

Ritual de iniciación sexual

Hasta mediados del siglo pasado, en nuestro medio,  la fiesta de 15 de las mujeres y los 18 en los varones indicaban socialmente el fin de la infancia, constituía una suerte de presentación en sociedad.

Por cuestiones religiosas, de uso y costumbre,  de moral o de hipocresía, las mujeres no tenían iniciación sexual sino hasta su casamiento. Y si así no era, de eso no se habla.

En la ceremonia de casamiento religioso  la entrega de la novia de manos del padre o padrino al esposo y el traje blanco símbolo de la pureza constituyen claramente un ritual de paso.

En cambio los hombres jóvenes  eran iniciados sexualmente, como parte de un ritual, en una suerte de exorcismo contra la amenaza de la homosexualidad.

Así muchos jóvenes iniciaban su vida sexual de la mano de padres y otros hombres que constituían figuras de autoridad (tíos, hermanos mayores) siendo guiados en el trayecto por una meretriz.
Detrás de la puerta quedaba la infancia y al volver a atravesarla algo había cambiado.
¿En base a que se determinaba que el momento de madurez había llegado?
No sé si se tomaba en cuenta las necesidades del iniciado, si era una cuestión cronológica o simplemente un ritual vacío de contenido, un pasaje que debía realizarse obedeciendo a pautas sociales determinadas por los adultos de la familia (clan, tribu).
Obviamente atravesar ese umbral no debía ser fácil quedando el iniciado a merced de la  vocación docente de la meretriz devenida en guía o inciadora.

Hoy las estadísticas muestran que los jóvenes se inician juntos (hombres y mujeres) entre sus pares.
Si bien los hábitos han cambiado,  existen rituales de iniciación entre los jóvenes y sus compañeros  de grupo, como lo muestra la proliferación de tribus urbanas, que establecen sus propios códigos de funcionamiento y pertenencia.

En la actualidad  suele suceder  que el debut sexual de una joven anteceda a su presentación en sociedad, a su fiesta de 15 o  a los dulces 16 de los americanos  y  en este caso el rito de pasaje  fue privado, o bien compartido con sus compañeros de tribu.

Como en la antigüedad otra vez nos encontramos frente a  rituales públicos (compartidos)  o privados.
Atrás quedó el tiempo de aquello de lo que no se hablaba, hoy un testimonio de una iniciación sexual podrá ser  filmado con un “celu”, subido Internet, compartido con la tribu y celebrado acorde a los propios rituales de la misma.

La muerte

Nuestro  primer encuentro con la muerte deja en nosotros una huella indeleble.
Cuando somos niños y alguien se muere,  si bien no entendemos donde fue,  ni porque,  a los efectos prácticos, lo  que sabemos  es que no vamos a verlo más y que hay que acostumbrarse.

Sin darnos cuenta nuevamente los miembros del clan  atravesamos un rito de paso, aquel que partió y también nosotros, los que permanecimos en esta orilla.

Algo cambió,  ya nada vuelve a ser como antes. No se trata de la propia muerte, sino de la primera vez en que tomamos conciencia de que somos finitos, de que todo concluye, de que es efímero, que nada es para siempre.

Los rituales funerarios no son más que escenografías, decorados,  puestas en escena, cualquiera que haya cerrado los ojos a un ser querido  sabe que hay un antes y un después.
Él era mi norte, mi sur, mi este y mi oeste
Mi semana de trabajo y mi domingo de descanso,
Mi mediodía, mi medianoche, mi conversación, mi canción;
Pensé que el amor duraría para siempre: me equivoqué.

Ahora no se necesitan las estrellas sáquelas todas;
Llévense la luna y desmantelen el sol;
Vacíen el océano y limpien el fondo;
Pues nada, ahora podrá ser como antes.
  Fragmento del Blues del funeral W.H. Auden
Una vez más, veremos  rituales de tránsito de un plano a otro,  como se puede ver en la  numerosa variedad de testimonios  que antropólogos  y estudiosos de las distintas culturas han elaborado.
En nuestra sociedad, hasta hace algunos años y aún en nuestros días algunas familias despedían a sus seres queridos en sus casas.
Actualmente existen empresas de sepelios, se sirve un refrigerio, y a un horario determinado se cierran las puertas retornándose al día siguiente, y el difunto que descanse en paz.
De algún modo el  ritual en sí mismo carece de contenido, toda vez que no ayuda al pasaje del alma del difunto.
Hasta mediados del siglo pasado se guardaba luto, el cual era observado en los colores de la ropa que podía usarse, que  debía ser rigurosamente negra durante un período,  dando lugar  luego a colores intermedios (siempre oscuros),  durante el período que se denominaba medio luto, marcando así la transición y el paso del tiempo.
El luto en la solapa de los hombres y en la ropa de las mujeres era la forma (el símbolo) de expresar al mundo el momento que el deudo estaba atravesando. Tampoco podía escucharse música ni asistir a reuniones festivas.
Actualmente este como tantos otros ritos de pasaje ha caído en desuso.
Pasajes sin ritos, ritos sin pasaje
Durante la infancia los  tránsitos entre las distintas etapas son claros, nítidos, visibles.
Un niño al decir su edad dice por ejemplo 5 años y medio, pues ese medio año marca una diferencia sustancial respecto de otro niño de apenas 5 años. No se trata de 6 meses,  de 6 hojas de calendario, se trata de un cúmulo de palabras aprendidas, de destrezas incorporadas, desde conocer las letras hasta andar en bici, de sabores nuevos, de sensaciones, de juegos, de nuevos amigos. No sabe en ese entonces que está atravesando umbrales, la comprensión vendrá más tarde.

Con el transcurso del tiempo las fronteras se nos desdibujan, ya no somos tan consientes, no estamos tan despiertos, las demandas del mundo llevan nuestra atención y nuestras vidas por  rumbos inciertos que a veces no recordamos haber elegido, como a Ulises en su regreso al  hogar del que hablé antes.

Más allá de los hábitos sociales, más allá de que elijamos celebrar o abstenernos, en algún momento sentimos que algo cambió.

Sabemos que atravesamos un pasaje:
    Cuando nuestro cuerpo nos dice que dejamos de ser niños.
    Cuando nos unimos a otro en pública celebración o en forma privada.
    Cuando tuvimos hijos y aún antes cuando supimos que los esperábamos.

Cada uno de nosotros podría escribir la historia de sus propios pasajes de todas sus “primera vez”, de todos sus finales; de cuando nos enamoramos y creímos que habíamos descubierto el amor, de cuando nos golpeó por primera vez la decepción, aún cuando no celebremos rito alguno para enterrar nuestros sueños.

Los griegos tenían dos palabras para definir el tiempo:
Cronos: el tiempo que puede ser medido, “cronometrado”, lineal, mesurable en  cantidad de segundos, minutos, lustros,  centurias, milenios.
Kairos: el momento oportuno, el momento de la ocasión, el tiempo de la vivencia.

Todos conocemos esa sensación de  minutos que parecen horas, y también esas gloriosas horas que parecen segundos, cuando  sentimos que el tiempo vivido  es tan grato que  se nos va de las manos en forma vertiginosa,  en tales circunstancias la información mesurable, divisible en fracciones de tiempo no nos aporta nada. Los rituales y celebraciones constituyen en la actualidad un intento de perpetuar esos  momentos, para intentar que permanezcan vivos en nuestra memoria, que no se diluyan en el torbellino de lo cotidiano.

Y otra vez los ritos, como un intento de ir fijando mojones en nuestras vidas, para tener puntos de referencia en el camino.

Las velas no se apagan soplando, el aliento no debe utilizarse para extinguir el fuero, sin embargo soplamos las velitas de la torta de cumpleaños, para que cuando el humo se eleve lleve con él nuestros deseos para que  alcancen el cielo. He aquí un ritual que permanece vigente.

Tendemos ha desacralizar los pasajes, como una forma de transitarlos de un modo más libre de presiones, ya bastante con los propios miedos e inquietudes al emprender cada etapa,  para tener que hacer de nuestro tránsito una manifestación pública. Muchas parejas optan por  vivir en juntos, sin transitar rituales públicos, sino simplemente los que los  participantes establezcan.

Otras veces elegimos no celebrar como una forma de no transitar, tal vez sin darnos cuenta que el tiempo  (cronos o kairos) pasa,  celebrémoslo o no.
Hay quienes no festejan los cumpleaños, porque detestan cumplir un año más, si por un momento pensaran  que la alternativa  de cumplir años es estar muertos,   talvez se serían menos superficiales  en su análisis,   aunque claro hay gente  que no vive, dura.

Convengamos que también existen rituales desprovistos de contenido como expuse anteriormente refiriéndome a la organización de eventos  donde lo más importante pasa a ser el aspecto externo de la celebración no el pasaje.

Por otra parte según el punto de vista de cada observador las divisiones, los pasajes entre un estadio y otro pueden ser infinitas.

El TODO y las partes
Dado que no siempre podemos tener una comprensión holística de la realidad la ciencia focaliza en distintas partes del TODO en un intento de que nuestra comprensión humana puede alcanzar cierto nivel entendimiento.
Cada rama de la ciencia divide el TODO, en porciones diferentes a efectos de poder estudiarlo, pero en cada una de esas divisiones se pierde la perspectiva de la totalidad, como si en cada porción de una torta  se nos perdieran valiosas miguitas.  El concepto de sinergia nos recuerda que el todo es mayor que la suma de sus partes.

A continuación transcribo textualmente fragmentos extraídos de una nota escrita por el Dr. Roberto Crottogini, pues ilustra otros ritos de pasaje de los cuales no siempre somos conscientes,  guarda relación con los temas que vemos en clase, y explica lo mismo que el Yoga (como camino) visto desde otro punto de vista.

LA BIOGRAFÍA HUMANA (Desde el punto de vista antroposófico)
La Antroposofía es una cosmovisión del hombre, la cual nos permite conocer cada uno de los cuerpos que lo conforman. Estos cuerpos son:
Cuerpo físico, es lo que visible y conocido.
Cuerpo etérico o vital, impregna el cuerpo físico y le da vida.
Cuerpo astral o cuerpo de sensaciones, que permite que el hombre sienta.
Yo o individualidad, aquello que nos hace inéditos y distintos a todos.
Sobre estos cuatro cuerpos se desarrollan los septenios o la biografía humana

Clasificación de los septenios
Septenios del cuerpo    Del nacimiento hasta los 21 años
Septenios del alma               Desde los 21 años hasta los 42 años
Septenios del espíritu              Desde los 42 años hasta los 63 años

Esto quiere decir que se emplean veintiún años en consolidar la estructura del cuerpo físico.
Alrededor de esta edad, el cuerpo deja ya de crecer y comienza una transformación de lo que llamamos el alma, el mundo interior.
Un niño recién nacido no tiene conciencia, tiene conciencia cósmica.
En el septenio de la maduración física, desde el nacimiento a los 21 años, el individuo conoce o empieza a conocer la vida; en el septenio de la maduración anímica, de 21 a 42 años, el individuo acepta la vida y, en el tercer ciclo, el septenio de la maduración espiritual, de 42 a 63 años, recapitula sobre lo vivido. Teóricamente, esto es lo que va sucediendo, cuando no hay alteraciones en los procesos.

Septenios del Cuerpo: Primer septenio, desde el nacimiento hasta los 7 años
Tanto el embrión como el niño recién nacido no tienen conciencia; el recién nacido no sabe quién es.
En los primeros siete años, el niño conforma y consolida su cuerpo físico; a partir de ahora, su cuerpo físico está completo.

Septenios del Cuerpo  Segundo septenio, desde los 7 a los 14 años
Desde los siete a los catorce años, se desarrolla el septenio del cuerpo vital. Este nuevo nacimiento, invisible para nosotros, está señalado por dos hechos fundamentales:
Se completa el proceso de cambio de dientes.
El sistema nervioso ya está conformado.
Durante el desarrollo de este septenio, el niño tiene la posibilidad de adquirir hábitos, no sólo los hábitos de comer, dormir, sino también hábitos de conducta, como: no criticar, respetar a los otros, saber perdonar.

Septenios del Cuerpo: Tercer septenio, desde los 14 a los 21 años
Durante este septenio, se desarrolla el cuerpo astral o cuerpo de sensaciones; es decir, el ser humano comienza a tener nuevos sentimiento y sensaciones.
Septenios del Alma Desde los 21 hasta los 42 años
Alrededor de los veintiún años, muchos jóvenes sufren crisis violentas relativas a su propia identidad. Muchos jóvenes sienten que deben liberarse de las imágenes fuertes de su padre o su madre, para lo cual abandonan la casa paterna.
En este septenio, la mayoría de las personas inicia su carrera profesional, iniciando una etapa de experimentación.
Existen tres niveles en la conformación del alma que llamaremos
Alma sensible, se desarrolla entre los veintiún y los veintiocho años;
Alma racional, se desarrolla entre los veintiocho y los treinta y cinco años;
Alma consciente, se desarrolla entre los treinta y cinco y los cuarenta y dos años.
Septenios del Espíritu Séptimo septenio, desde los 42 años a los 49 años
Este septenio, regido por Marte, es el septenio de la acción. Hemos llegado a los 42 años; comienza el desarrollo del espíritu. El hombre y la mujer se convierten en principiantes.
Si el hombre o la mujer, que se aproximan a esta etapa clave para el desarrollo de sus potencialidades espirituales, no hacen esta transformación sufrirán una gran falencia.
Nos encontramos con que el individuo debe reconocer el comienzo de la declinación físico-biológica.
Un elemento infaltable en este período es la sensación de vacío que acompaña a todas estas manifestaciones físicas y anímicas. Este vacío, que puede ser vivido como soledad, trata de compensarse con gratificaciones buscadas en el mundo exterior (viajes, cambio de automóvil, de casa y, con frecuencia, cambio de pareja).

Septenios del Espíritu Octavo septenio, desde los 49 años a los 56 años
En plena crisis de los 50, el hombre y la mujer se acercan a los umbrales de un nuevo proceso. Se trata de un fenómeno sociocultural y familiar muy fuerte que determina, drásticamente, la transferencia a otro grupo social: la edad madura.
En la mujer, el hecho biológico dominante está dado por el cese de su período menstrual o menopausia. En el caso del hombre, un fenómeno biológico parecido se produce merced a los problemas de la próstata.
Aquella vaga necesidad de una respuesta espiritual que empezó a ceñir el alma después de los 40, se transforma ahora en una presión constante sobre nuestras actividades cotidianas.

Septenios del Espíritu Noveno septenio, desde los 56 a los 63 años
Estamos ahora en el umbral de una nueva crisis muy especial dado el grado de conciencia que puede alcanzar el hombre a esta edad. La crisis puede manifestarse en el ámbito de lo humano y de lo espiritual.
El individuo siente un llamado imperativo de ciertos impulsos espirituales que no logra concatenar con la vida llevada hasta es presente.
A medida que el ser humano se acerca a las últimas etapas de cada experiencia de vida, las crisis anímicas debieran ser de menor envergadura mientras crecen en importancia las experiencias vinculadas al mundo trascendente o espiritual.

Como surge de lo precedente la vida es en sí misma un pasaje, una transición entre los diferentes estados, no siempre existen marcas en el camino que nos indiquen el final de una etapa y el comienzo de la otra, a veces las transformaciones son vertiginosas sin permitirnos adaptarnos a ellas  sino hasta después de transcurrido cierto tiempo, otras veces los cambios son tan lentos que parecen imperceptibles y solo mirando retrospectivamente, tomamos conciencia de ellos.

Cada rama de la ciencia, cada disciplina establecerá sus distintas etapas y,  a los efectos de intentar comprender el TODO creará fragmentos y  nos encontraremos frente a nuevos   puentes y pasos entre ellos.

El todo dividido en partes, cada una de las cuales constituye un pequeño TODO que es a su vez nuevamente divisible, infinitos e interminables ritos de pasaje que van uniendo las PARTES.

Los Tres ciegos y el elefante  Cuento sufí
Había una vez tres sabios, los tres eran ciegos.
Usaban sus manos para darse cuenta del tamaño, de la calidad y de la calidez de cuanto se ponía a su alcance.
Sucedió que un circo llegó al pueblo donde vivían.
Entre las cosas maravillosas que llegaron con el circo, venía un gran elefante blanco. Y era tan extraordinario este animal que toda la gente no hacía más que hablar de él.
Los tres sabios quisieron también ellos conocer al elefante y pidieron permiso para poder tocarlo. Como el animal era muy manso, no hubo inconveniente para que lo hicieran.
El primero de los tres estiró sus manos y tocó a la bestia en la cabeza. Sintió bajo sus dedos las enormes orejas. Quedó tan admirado de lo que había conocido que inmediatamente fue a contarles a los otros dos lo que había aprendido. Les dijo:
- El elefante es como un tronco, cubierto a ambos lados por dos frazadas,

Cuando le tocó el turno al segundo sabio, sus manos tocaron al animal en una de sus patas. Luego de mucho palpar, decidió también él contar lo que había aprendido. Les dijo: - El elefante se parece al tronco de una palmera.

Entonces fue el tercer sabio, y agarró el animal justo por la trompa. Se colgó de ella y comenzó a hamacarse como hacen los chicos con una soga. Como esto le gustaba a la bestia, estuvo largo rato divirtiéndose en medio de la risa de todos. Cuando dejó el juego también él dijo:
- Yo sé muy bien lo que es un elefante. Es una cuerda fuerte y gruesa, como una gran serpiente. Sirve para hamacarse.

Cuando volvieron a casa y comenzaron a charlar entre ellos lo que habían descubierto sobre el elefante no se podían poner de acuerdo. Cada uno estaba plenamente seguro de lo que conocía. Y además tenía la certeza de que sólo había un elefante y de que los tres estaban hablando de lo mismo.
Al fin  de cuentas, como eran los tres muy sabios, decidieron pedir ayuda, y fueron a preguntar a quien había tenido la oportunidad de ver al elefante con sus propios ojos.
Y entonces descubrieron que cada uno de ellos tenía razón.
 Una parte de la razón.
Y le creyeron a quien les hablaba de todo el elefante.

Un cuerpo, varios cuerpos

Hasta aquí he considerado ritos de pasaje, entre distintos momentos, sea de la vida de un ser humano o bien de los ciclos de nuestro planeta.

Crecer en conciencia, ampliar nuestra percepción nos permite abrirnos a la comprensión de que existen otros pasajes más sutiles entre las distintos Koshas o envolturas, que constituyen al ser humano.

Según las enseñanzas del tantra yoga, el hombre  tiene tres cuerpos y tres mentes asociadas, una en cada una de las tres  dimensiones más importantes del ser. (4) (pág 23/24)

- El cuerpo físico y su mente: la conciencia que opera asociada a este
- El cuerpo astral (sutil) y su mente: es decir la conciencia que experimentamos, como emociones y sentimientos.
- El cuerpo causal  y su mente, la conciencia que se expresa  principalmente como inteligencia y sabiduría.
En cada uno de nosotros hay un animal, un ser humano y un ser divino, esas son las tres dimensiones de nuestra existencia. (4)
Nuestro estado actual no es definitivo nos entramos en un nivel intermedio.
Aunque ignoremos que camino tomar somos conscientes de que existe algo más allá de la mente, esta mente no puede ser el vehículo último del conocimiento (4) (Pág. 13)

Ir transitando de lo más burdo a lo sutil también implica atravesar pasos para lo cual el yoga nos plantea un excelente camino.

La mente no es pensamiento, emoción o memoria tal como se entiende generalmente, la mente individual es parte de la mente universal, una parte de lo que entendemos como mente total.
La mente total tiene dos polos opuestos: tiempo y espacio  que son en realidad dos categorías de la mente. (pág15).

El conocimiento intelectual no es sabiduría.

En nuestra percepción habitual de la realidad,  el sujeto y el objeto son entidades separadas, distintas, el observador no se ve a sí mismo, por tanto, el conocimiento obtenido  es un conocimiento que se refiere solo al objeto, y no al sujeto que ha reconocido y percibido al objeto.
Esta unión de sujeto y objeto, presente en el llamado samadhi, constituye la meta máxima de la práctica del yoga. (4) Pág. 34

Chakras según Leadbeater

Con frecuencia se considera al cuerpo físico como centro del ser humano, teniendo al alma como un mero aditamento (4) (Pág. 205)
De hecho el hombre es un mecanismo complejo  que comprende 4 cuerpos: físico, etérico, astral y causal.
El cuerpo etérico se contacta con el fisiológico a través  de un medio crucial constituido por centros invisibles: los chakras.
Estos centros de fuerza que existen en la superficie  del doble etérico,  que constituyen una especie de esbozo del cuerpo físico sirven como canales de energía entre los cuerpos físico y astral. (4)  (Pág. 206). Los chakras pueden considerarse  los sentidos del cuerpo astral

El árbol del Yoga

Los ocho miembros del yoga pueden dividirse en tres grupos:
Yama y Niyama: constituyen las disciplinas éticas sociales e individuales.
Ásana, pranayama y pratyahara: conducen a la evolución del individuo a la comprensión del sí mismo.
Dharana, dhyana y samadhi son los efectos del yoga.

Una vez acatados los preceptos tradicionales u obligaciones y prohibiciones  (Yama y Niyama).
Trabajamos para el desarrollo individual a través de la interpenetración  del cuerpo y mente y mente y alma.  Este segundo nivel del yoga es sadhana o práctica y comprende: ásana, pranayama y pratyahara.
Asana: es la práctica de las diferentes posturas del cuerpo.
Pranayama: es la ciencia de la  respiración.
Pratyahara: es bien el silenciamiento de los sentidos y su mantenimiento pasivo en la posición que les corresponde,  bien la retirada de os sentidos hacia el interior a fin de que pueden residir en el núcleo del ser.
El tercer estrato  es el efecto o el fruto y  consiste en
Dharana: concentración o atención completa.
Dhyana: es meditación.
Samadhi: estado de bienaventuranza y unión con el Espíritu Universal. (5) (pág. 22/23)
Yoga significa unión.
Pranayama, la ciencia de la respiración que conecta al macrocosmos con el microcosmos y viceversa. (5) (pág25)

Nos brinda un modo de conectarnos con el TODO que integramos.

…”incluso al realizar una asana el organismo en su totalidad puede ser integrado….
… ¿Por qué segregamos y dividimos aquello que une a cada individuo desde el cuerpo hasta el alma?”. (5) (Pág. 95).

En samadhi somos completamente conscientes. La conciencia se difunde en todas las direcciones, atravesando las diferentes envolturas del cuerpo, así como todas sus partes.  (5)  (Pág. 96)

La inteligencia que sirve de puente entre el alma y el cuerpo, es el hilo utilizado para entretejer cuerpo y alma en una unión divina, un maridaje divino denominado samadhi  o absolutividad en un mismo (5) (Pág. 96)

La totalidad del organismo ha sido  integrada en una sola unidad que reúne  cuerpo, mente, inteligencia, conciencia y alma.
Si bien los avances logrados por la ciencia, la medicina y la psicología a lo largo de muchos siglos han sido enormes nadie puede marcar un límite entre cuerpo y mente o entre mente y alma. No pueden ser separados. Se hayan entremezclado, interconectados, interconectados, unidos. Donde hay mente hay cuerpo, donde hay cuerpo hay alma, donde hay alma hay mente. Nuestra experiencia diaria presente empero una gran separación entre los tres. Cuando nos hayamos ocupados en una actividad mental, ya no somos conscientes del cuerpo. Cuando nos ocupamos del cuerpo perdemos de vista el alma.
El yoga es un modo de dirigirse hacia la integración. (5) (Pág. 106)
Los Yoga Sutras hablan de la mente en el primer capítulo y del cuerpo en el segundo y nos recuerdan en los capítulos tercero y cuarto  que nuestro objetivo final  en yoga debe ser llegar hasta el alma. Patánjali aplicó su sabiduría fundamentalmente a la palabra en su tratado de gramática, al cuerpo en su tratado de medicina y al alma en su tratado de yoga.  No obstante en la ciencia del yoga se encuentran comprendidos los tres niveles del ser: cuerpo, mente y alma. Así el yoga es una ciencia integrada capaz de conducir al ser dividido del hombre a la globalidad y la salud.  (5) Pág. (108)

…Las postura irrigarán el organismo y barrerán los impedimentos… una vez depurado el organismo de las aflicciones portadoras de la disgregación, se vuelve a la integración y a la vida,  la salud comienza a florecer. (5)( pág110)

La práctica de ásanas y pranayama sirve para crear profundidad  y para interconectar las innumerables partes del cuerpo (5) (Pág. 114)

Debemos saber que si existen enfermedades, esa parte del cuerpo afectada por la enfermedad ha perdido su sensibilidad. Cuando hacemos las posturas  llevamos energía a esas zonas afectadas… a fin de que la energía pueda fluir ininterrumpidamente hacia cada zona en aras de la recuperación. (5)(Pág. 134).

Las ásanas nos ayudan a eliminar esas dualidades o disfunciones del cuerpo, la mente y el alma. (5) (pág135)
Perdemos contacto con el resto de nuestro cuerpo porque estamos demasiado en la cabeza (5) (Pág. 105).
 Pranayama es el vínculo entre los organismos fisiológico y espiritual del hombre (5) (Pág. 158)

La práctica de pranayama despeja las nubes del cerebro para así iluminarnos y aportar claridad y frescura a fin de que podamos ver lo correcto en el momento oportuno.

Al inspirar el sí mismo entra en contacto con el cuerpo. Por eso la inspiración es la evolución del alma hacia el cuerpo: el aliento cósmico espiritual que entra en contacto con el aliento individual. (5) (Pág. 16).

Dhyana es la manera de descubrir el sí mismo superior. Es el arte del estudio del sí mismo, la observación: la reflexión y la visión de lo infinito oculto en el interior. (5) (pág. 172)

Hemos de ir despacio y empezar desde las cosas visibles para aproximarnos a lo invisible antes de dar el salto a las cosas que ni siquiera conocemos o comprendemos (5) (Pág. 173).

Meditación es integración, hacer que las partes desintegradas del hombre se vuelvan una de nuevo (5) (Pág. 177).

El practicante cultiva su mente, su inteligencia y su conciencia para vivir el momento y a medida que cada momento avanza hacia el siguiente, él va con el momento, pero no con el movimiento. Eso es meditación (5) (Pág. 181)

La trascripción de los párrafos precedentes pretende ilustrar la enorme ayuda que  la práctica del yoga nos brinda  como herramienta para el  auto conocimiento e integración.

El intelecto humano divide el TODO, para intentar aprehenderlo.
Dividimos en partes que analizamos como si cada una de ellas fuera el todo y luego establecemos rito de paso, puentes, pasajes, que nos permitan ir uniendo los fragmentos.

El yoga nos lleva de regreso a casa, yoga es unión.

CONCLUSIONES

Los mitos y su dramatización los ritos siguen vivos.
En la actualidad  el hombre sigue realizando aquellos rituales que percibe necesarios y valiosos  para su vida. Han recobrado su antigua vigencia los ritos relacionados con la Pacha Mama.

Las nuevas tribus urbanas recrean sus ritos iniciáticos, como una forma de definir su pertenencia al grupo.

Talvez los  nuevos hábitos tiendan a desacralizar algunos comienzos o cambios de estado  y  a hacer de lo privado algo compartido.

Tenemos nuestros propios ritos privados, recordamos fechas  que nos sirven como mojones en el camino, nos recuerdan que aquella primera vez fue el punto de inflexión en el que luego supimos que algo en nosotros había cambiado; que habíamos atravesado un umbral, que ya no volveríamos a ser los mismos. Aún cuando volviésemos a los mismos sitios y todo pareciese igual.
Nosotros, los de entonces ya no somos los mismos (Pablo Neruda).
Parafraseando a Heráclito de Éfeso: “ no nos bañaremos dos veces en el mismo río”.

De lo macrocósmico  a lo microcósmico.

El hombre es un microcosmos y al igual que el macro, tiene sus rituales de paso de una edad a otra, de una estación a otra.
De acuerdo con la antroposofía transitamos septenios del cuerpo, del alma y del espíritu durante los cuales vamos desarrollando nuevas aptitudes y dejando atrás la juventud de nuestro cuerpo.

El cuerpo físico (Annamaya Kosha) tiene dos pasajes que es necesario despejar y transitar para hacer de nosotros alguien más completo e integrado. El cuello y la cintura. Ambas pasos estrechos,  guardan bloqueos que impiden la fluida comunicación (circulación de energía) entre nuestros centros mental, emocional e instintivo.

La peregrinación más difícil es la que nos lleva de nuestra mente a nuestro corazón. También es una ardua tarea subir de lo instintivo a lo emocional y desde allí continuar elevándonos.

Entre la Tierra y el Cielo transcurre, siempre repetido,  el drama de nuestra existencia. El despertar del sueño puede ayudarnos a erradicar los comportamientos repetitivos, reiterados e inconcientes.

Nuestro cuerpo tiene su  propio cielo CH´IEN, (la coronilla) y nuestra propia tierra K´UN  (perineo) y somos nosotros quienes concientemente debemos transitar el camino que une   ambos.

Contamos con nuestro propio hilo de Ariadna,  para que nos  asista en el camino de regreso a casa, evitando perdernos en el laberinto,  la respiración.

Y muchos Maestros que nos precedieron en el trayecto dejaron hojas de ruta con su testimonio del viaje, para ayudarnos a conservar  el rumbo.

“Yoga significa unión. …Esta unión filosóficamente se refiere a la fusión de la conciencia personal e individual con la conciencia universal o cósmica… En un sentido más personal esta unión también significa integración y armonización  de todos los aspectos que constituyen la vida del ser humano, unión y equilibrio: entre su cuerpo y su mente, entre sus emociones y sus pensamientos, entre sus sentimientos y sus acciones, entre su vida individual y familiar, entre su individualidad y el entorno social donde vive” José Maureira ¿Qué es el Yoga?

 BIBLIOGRAFIA

Páginas de Internet
(1) http://www.escuelai.com/spanish_culture/fiestas_espanolas/sanjuan.html
http://www.wordreference.com/es/en/frames.asp?es=atisbar
http://antropologia.idoneos.com/index.php/Los_ritos_y_lo_sagrado#Ritos_de_pasaje
http://buenasiembra.com.ar/cosmobiologia/astrologia/articulos/biografia_humana.htm
http://masones.blogia.com/2006/121901-solsticio-1-y-2-.php
http://www.espaciologopedico.com/recursos/glosariodet.php?Id=160

Libros, apuntes
Jung  en fácil
(2) Apuntes Lic. Santillán Güemes Mito/ciencia, rito, fiesta. Víctor Turner.
(3) Los Tatwuas del Samkhyla
(4) CHACKRAS kundalini y las energías sutiles del ser humano.  Hiroshi Motoyama
(5) El árbol del yoga B.K.S. Iyengar
Diccionario de la lengua española
Tarot y el viaje del héroe
I ching el libro de las mutaciones.
José Maureira ¿Qué es el Yoga? Yoga Kai – Instituto argentino de Yoga
(*) José Maureira Niveles del Yoga? Yoga Kai – Instituto argentino de Yoga
Los chakras. C.W. Leadbeater
 

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